La existencia del lenguaje y su riqueza nos recuerda esa necesidad de comunicación innata que tenemos. Las palabras dicen mucho en muchos sentidos, a veces describen lo que percibimos, a veces lo valoran y a veces hablan de un mundo ajeno al de la experiencia sensible, un mundo de ideales o de imaginación, historias que nos contamos y que nos permiten entender al otro y a nosotros; una de esas historias es la del ARTE, porque sí: el ARTE EXISTE.
El ARTE comienza desde que pudimos expresar aquello que provocaba. A menudo pensamos en el arte meramente como un objeto estético, independientemente de si es físico o intangible, es decir, que hay belleza en él y eso le da el carácter artístico, lo separa de lo común. ¿Será cierto que todo aquello que se digne de ser ARTE es necesariamente bello? Quizá el símil que compartimos como especie es el que permite hablar de una estética perceptible, pero no podemos ignorar el impacto que tiene aquello que nos rodea para modificar la percepción, y aun considerando una posible estandarización estética que se fundamente en un análisis científico de la percepción humana, escaparían elementos que nos permitan entender el ARTE, que no nace de la nada, sino que le envuelven múltiples historias. Vale la pena preguntarse si acaso el ARTE puede ser feo. Hablemos pues de los aspectos que nos puedan ayudar a entender qué es aquello que llamamos ARTE.
Imaginación
La capacidad de abstracción es lo que nos permite crear imágenes que van más allá de lo tangible. La imaginación tiene un valor real de supervivencia, que nos permite explorar las posibilidades que plantea el futuro o comprender el pasado. La imaginación además participa en la construcción del individuo y su entorno, en ese sentido, el artista se sirve de la necesidad de compartir lo que imagina mediante su obra o, dicho en otras palabras, creando se ornamenta a sí y a su entorno, definiéndose a través de su obra.

A menudo se piensa el ARTE como un medio de expresión, en tanto que el ARTE nos habilita para comunicar nuestro entendimiento y experiencia sensible de maneras que no podrían ser dichas de cualquier otra forma. Es por eso por lo que el valor de lo entendido como ARTE radica no solamente en lo que se comunica sino también en el cómo se hace. La figura del artista adquiere un aura mística en tanto que su obra, creada a partir de sus propios filtros conceptuales, representa una realidad autocontenida, con límites propios y que responde a imperativos propios, es fruto de su imaginación, pero resuena con el otro estimulando su voluntad.
El ARTE es el lenguaje que usa la imaginación del artista para definirse, expresarse y recrear su entorno.
Creatividad
Las grandes obras maestras se suelen admirar también desde una perspectiva técnica, lo que ha generado que a nivel colectivo se considere la complejidad técnica como un factor innato de aquello que consideramos ARTE. Para los artistas, críticos y amantes del ARTE podría incluso considerarse insultante la comparación entre obras que contrastan drásticamente a nivel técnico, y es que estas comparaciones involucran en la mayoría de los casos otros aspectos, como lo puede ser el valor comercial al que se adquiere una obra, el valor simbólico que adquiere o el impacto estilístico que pueda llegar a generar. En consideración de las diferentes dimensiones que pueden influir en la categorización de lo que llamamos ARTE, podemos decir que quizá algo que es común en toda obra de ARTE es la creatividad, que mediante la imaginación realiza conexiones sin relación aparente y las unifica para dar vida a algo nuevo.
El proceso creativo del artista entonces adquiere mayor relevancia en tanto que muchas veces no parece ser un camino claro y definido, sino más bien una búsqueda de algo que podría incluso permanecer velado para el artista mismo hasta que ese proceso comienza a manifestarlo. La manera en que se desarrolla una obra dota a la figura del artista de cierto misticismo, herencia de siglos atrás por el hecho de que el artista se ha ejercitado en ver desde una perspectiva diferente y además tiene la capacidad de materializar las ideas, lo que de acuerdo con múltiples religiones es una cualidad propia de dios, en consecuencia, el artista es sujeto de inspiración pues es capaz de “dar vida” a lo intangible. Es justamente la concepción del artista como demiurgo lo que establece un estándar y, por lo tanto, una expectativa en torno a su figura, por lo que se ve obligado a hacer lo “imposible” y romper paradigmas y el resultado o la manera en que esto se manifiesta es una conceptualización del ARTE excluyente, porque tener esa capacidad creativa es un don, algo dado que no cualquiera tiene, solo el artista.

Originalidad
Ante la ambigüedad que pudiera representar identificar claramente lo que es arte, la originalidad es un atributo que resalta, se busca y se valora, siendo tal el aspecto que suele establecer la línea diferencial entre lo que es arte y lo que es artesanía, lo que es arte puro y simple o lo que es un arte aplicada. La complejidad radica precisamente en definir lo que es original de lo que no lo es, sobre todo porque hay una historia que nos precede, por tanto, la respuesta deberá someterse ante al escrutinio constante y hacerse de manera regular, porque en el proceso seguramente aprenderemos mucho acerca de lo que el arte es.
Pero, ¿qué hay del arte que se ha inspirado en otra obra de arte? La historia nos ha dado ejemplos de múltiples referencias entre obras que, a pesar de ser evidentes, no permiten poner en tela de juicio la originalidad con la que se ejecutan y en muchos casos, tampoco su calidad artística. Es por eso que se dice que el arte inspirado representa a la obra de la cual se inspiró, pero no la copia, tomando los elementos que refleja para generar algo nuevo, distinto, contextualizado y pertinente. Por tanto, si es cierto aquello de que “ningún hombre es una isla”, lo mismo puede ser dicho con respecto a las obras de arte, y es ahí donde lo que se nos ha heredado adquiere una relevancia superlativa, puesto que se convierte en una plataforma firme sobre la cual el artista puede dar rienda suelta a su imaginación, pero también porque moldea la forma en percibimos el arte, sin que esto quiera decir que dicha tradición no deba ser sujeta a la crítica contemporánea.



Gustos y disgustos
Cuando los parámetros de aquello conocido como arte no son claros, fruto de la complejidad implícita de la definición, es fácil que la respuesta que busquemos ante la pregunta de ¿qué es el arte?, sea más bien ¿cuál es el buen arte? ¿qué lo define? Es decir, se hace una valoración de lo que se asume es arte y dicho proceso nos lleva a filtrar a través del gusto personal, por lo que si me gusta, es arte; si no me gusta, no lo es. En consecuencia, conviene no olvidar que solo nos puede gustar lo conocido, pero lo que conocemos fue determinado por nuestro entorno e impuesto por hábito y circunstancias, no por elección personal la mayoría de las veces. ¿Por qué entonces adquiere tanta relevancia la valoración personal? Generalmente la discusión entre expertos, que en ocasiones puede llegar a generar discrepancias, da espacio a la percepción de relatividad con respecto a lo que el arte es, sobre todo si el gusto personal coincide con el gusto popular.



Expresión personal y audiencia
Otro aspecto de gran influencia es la intención expresiva que imprime el artista en su obra, que nos permite entender al acto creativo como una labor de amor que trae a la vida a la obra y quizá, también es la obra misma la que da vida al artista. Pero el acto creativo también esconde una esperanza sutil y poderosa del artista, que la obra sea aprobada por otros: la audiencia, y la obra no está completa si no encuentra una audiencia, anteponiendo calidad sobre cantidad, una audiencia particular cuya opinión sea valorada por el artista y por lo general son ellos quienes suelen dar soporte moral y financiero al artista para que siga creando. Lo que hace especial a la audiencia a diferencia de un mero consumidor es su carácter crítico, voluble, pero receptivo, entusiasta, aunque no está comprometida, es libre de aceptar o negar; ningún artista sabe de antemano cómo será recibida su obra.
Una figura adquiere relevancia en consecuencia, el experto, que no es más que aquella parte de la audiencia cuyo juicio descansa sobre dos pilares fundamentales; 1) la experiencia estética, fruto de un amor por la apreciación informada de las obras artísticas; y 2) el conocimiento teórico, es decir, una formación especializada, no necesariamente escolarizada. El experto será entonces capaz de reconocer una obra maestra y al mismo tiempo identificar claramente cuáles son sus gustos particulares sin que estos coincidan necesariamente con esa categoría.
El arte tiene el poder de penetrar en lo más profundo del ser humano, que se identifica en el acto creativo. El arte representa las más profundas aspiraciones y entendimiento del artista; al mismo tiempo el artista a menudo funge como articulador de nuestras creencias y valores compartidos. Podemos decir con cierta seguridad entonces, que una obra maestra contribuye a nuestra visión de la vida y nos deja profundamente conmovidos. Además, lo hace con mucha gente y a lo largo de una gran cantidad de años. En otras palabras, una obra maestra puede resistir al escrutinio profundo y al paso de los años.
Entre más conozcamos de la vida, más conoceremos acerca del arte; y entre más entendemos el arte, mayor es nuestro entendimiento acerca de lo que significa ser humano en todo el sentido de la palabra.
Ver el arte hoy
Para nadie es un secreto que estamos rodeados de una gran cantidad de estímulos, de tal modo que nuestros sentidos quedan saturados y de cierto modo hemos sido desensibilizados hacia el arte, puesto que podemos adquirir reproducciones baratas de grandes pinturas como elementos decorativos o tener acceso a cantidades absurdas de música mediante las plataformas de streaming, por ejemplo, es tanta la información y hay tanto que ver que no somos capaces de realmente detenernos a contemplar una buena obra de arte sin tener la necesidad apremiante de pasar a lo siguiente, minimizando lo que la experiencia artística nos puede dar. Porque la apreciación artística suele demandar del espectador muchas de las cosas que le demanda al mismo artista durante su creación, lo confronta y esa confrontación entre el espectador y el arte es un acto solitario. La apreciación artística es más que solo disfrute estético, es un diálogo, es aprender a entender lo que hay detrás de la obra de arte.

No sé tú, pero para mi, EL ARTE EXISTE.


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