En el mundo de la música, especialmente cuando empezamos a profesionalizarnos, es fácil caer en una trampa muy seductora: el GAS (Gear Acquisition Syndrome o Síndrome de Adquisición de Equipo). Es esa creencia casi religiosa de que si tan solo tuviéramos esa guitarra de gama alta, ese pedal de boutique o el amplificador de bulbos que usa nuestro ídolo, automáticamente sonaríamos “profesionales”.

Como músico de sesión y docente, he pasado años rodeado de cables, maderas de lujo y tecnología de punta. Sin embargo, hubo un momento específico en mi carrera que cambió para siempre mi perspectiva sobre la relación entre el músico y sus herramientas. Hoy quiero compartir contigo esa anécdota y las lecciones que me dejó, porque estoy convencido de que entender esto es lo que realmente separa a un aficionado de un artista sólido.

La ilusión de la perfección digital

Hace un tiempo, tuve una presentación de alto perfil. Era un reto importante: yo era el único guitarrista en la alineación, lo que significaba que toda la responsabilidad sonora de la guitarra —desde los pasajes acústicos más íntimos hasta los solos eléctricos más potentes— recaía exclusivamente sobre mis hombros.

Consciente de la magnitud del evento, me obsesioné con la perfección. Pasé días enteros frente a mi pedalera “esculpiendo” el sonido de cada una de las canciones del repertorio. Diseñé presets milimétricos, configurando cada delay, cada saturación y cada cambio de volumen para emular con exactitud quirúrgica las grabaciones de referencia. Incluso, lo confieso, mi configuración estaba diseñada para hacerme el trabajo más fácil: dejé que los efectos hicieran parte del esfuerzo técnico para que yo pudiera concentrarme en “disfrutar”.

Estaba convencido de que mi arsenal digital era mi mejor carta de presentación. Pero la realidad me tenía preparada una lección de humildad.

El choque con la realidad: La visión del Director Musical

Llegado el momento del ensayo general, el director musical —un músico con décadas de experiencia y un oído implacable— escuchó un par de temas y me pidió que nos detuviéramos. Se acercó y me dio una instrucción que me dejó helado:

“Olvida todos esos cambios automáticos y presets específicos. Solo necesito que uses cuatro configuraciones básicas para todo el show: un tono limpio (Clean), uno rítmico (Crunchy), uno para solos (Lead) y una reverb sencilla para la guitarra acústica. El arreglo necesita espacio, necesita ir a lo simple”.

En ese instante, mi “armadura tecnológica” se desmoronó. Todo el diseño sonoro que me había dado seguridad desapareció. De pronto, ya no podía confiar en que el equipo hiciera el trabajo por mí; estaba solo yo con mi instrumento y mi técnica.

El triunfo del estudio sobre el equipo

Al principio sentí pánico, pero al empezar a tocar bajo esas nuevas reglas, sucedió algo revelador. Gracias a las horas que había pasado estudiando el repertorio, practicando técnica y educando mi oído, mi cuerpo supo responder.

Sin los presets complejos, tuve que usar mi control dinámico, la fuerza de mi ataque con la púa y el manejo de los controles de la guitarra para obtener los matices que la música exigía. Mi estudio previo fue el que me permitió tocar con buen gusto, siguiendo la visión del director y adaptándome al momento real del show, no a una grabación preestablecida. Al final, la presentación fue un éxito rotundo. El director quedó satisfecho porque mi ejecución sirvió a la canción y al ensamble, demostrando que el equipo es solo una herramienta, pero el criterio musical es el verdadero motor.

¿Por qué nos obsesionamos con el equipo?

La industria del marketing musical es poderosa. Nos vende la idea de que el éxito está a una compra de distancia. Para un estudiante, comprar un pedal nuevo es mucho más fácil que practicar durante horas. Es una gratificación instantánea. Pero como músico de sesión, te digo que lo que un productor busca de ti no es tu modelo de guitarra, sino tu capacidad para tocar a tiempo, con buen gusto y con una técnica impecable.

Lecciones para el escenario y la vida profesional

A raíz de aquella experiencia, empecé a aplicar ciertos principios que hoy comparto con mis alumnos en mis clases particulares de música:

  1. La técnica es tu verdadera seguridad: El equipo puede fallar o un director puede pedirte un cambio de último minuto. Tu estudio es lo único que siempre irá contigo.
  2. Menos es más: A menudo, la simplicidad permite que la música respire. Un arreglo saturado de efectos suele esconder falta de contenido musical.
  3. El criterio se cultiva: Aprender a escuchar lo que la canción necesita (y no lo que nosotros queremos lucir) es la marca de un músico experimentado.

El equipo adecuado para el estudiante (y para sus hijos)

Esta lección es especialmente importante para quienes recién comienzan este camino o los padres que buscan clases de música para sus hijos. A menudo me preguntan: “¿Qué guitarra debo comprar para empezar?”. Mi respuesta siempre es la misma: busca un instrumento que sea cómodo y que mantenga la afinación. No necesitas la marca más famosa.

Lo que un niño o un principiante necesita no es un equipo profesional, sino un maestro experimentado que le enseñe a amar el proceso de practicar. Invertir en educación siempre dará mejores dividendos que invertir en objetos. Un buen guía sabrá cuándo el alumno ha superado su equipo actual y está listo para dar el salto a algo mejor.

Conclusión: Tu talento es el verdadero protagonista

No me malinterpretes: amo el buen equipo. Disfruto de la tecnología y de cómo nos ayuda a explorar nuevas fronteras sonoras en la composición musical. Pero nunca dejo que el objeto sea más importante que el sujeto. El equipo debe estar al servicio de la música, y no al revés.

Si alguna vez te has sentido frustrado porque no tienes el “mejor” instrumento, detente un momento. Usa esa energía para perfeccionar tu técnica, para entender mejor la armonía o para educar tu oído. El día que te subas al escenario o entres a un estudio, lo que la gente recordará será tu mensaje, no la marca de tus cables. Solo deja que la música hable

Si estás buscando mejorar tu sonido desde la raíz —tu técnica y tu comprensión musical— estoy aquí para acompañarte. Ya sea a través de mis clases particulares online o presenciales, o mediante mi curso de guitarra online “Sé Guitarrista”, mi objetivo es darte las herramientas que realmente importan: las que llevas dentro de ti.

¿Estás listo para llevar tu ejecución al siguiente nivel? Agendemos una sesión y trabajemos en lo que realmente te hará destacar.


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